in Francia, Vinos del mundo

Jean-Louis Chavé

La familia

Jean-Louis Chave está considerado por algunos críticos como el mejor productor de vino del mundo. Han constatado serlo al menos de la mítica colina del Hermitage, esa denominación del Ródano norte de la que producen unas escasas 50.000 botellas al año, que son disputadas por los aficionados de medio mundo. En palabras del célebre Robert Parker: “No cabe duda de que el hijo Jean-Louis y su padre Gérard se encuentran entre los mejores elaboradores del planeta”.

Jean-Louis se ha formado por todo el mundo, lo que le aporta una visión más moderna que su padre, Gérard, totalmente respetuoso con la tradición. Son los dos últimos eslabones de la cadena de Chaves de padre a hijo desde 1481, haciéndolos una de las bodegas más antiguas de Francia, y por extensión del mundo. Gérard y Jean-Louis son avezados y expertos catadores, y es precisamente su labor de cata la que marca el proceso de elaboración del vino y sobre la que toman las decisiones de trasegar o no, mantener en madera, etcétera. Su otro arte es el del ensamblaje, para realizar año tras año su Grande Cuvée.


Hermitage

El Hermitage está en el margen izquierdo del Ródano, frente a Tournon y al norte de Valence, a medio camino entre Lyon y el Mediterráneo. La pequeña ciudad de Tain-l’Hermitage está entre la colina y el gran río. La composición de la montaña incluye una gran parte de granito pero también arcilla, esquisto, arena, grava, cantos rodados… Por ello la complejidad de los vinos viene de la mezcla de diferentes “climats”, pagos o terruños. Las 130 hectáreas de la denominación se dividen en un diferentes pagos, y la riqueza de un productor se mide por la variedad de suelos diferentes o “climats” en los que posee viñedo. Y es en este punto donde los Chave tienen ni más ni menos que Syrah en ocho de ellos, y castas blancas como Marsanne y Roussane en otros cuatro, así que tienen viña en nueve del total de 18 terruños identificados, lo que es ciertamente inusual. La extensión de su viñedo es de unas 15 hectáreas, siendo 10 de tinto y 5 de blanco. El blanco está repartido en un 80% en Marsanne y un 20% en Roussane. Alcanzando así una producción media anual de 48.000 botellas.


Los vinos

Hermitage, en el Ródano norte, es para muchos la quintaesencia de la Syrah. Y el máximo exponente de la denominación es Chave. Producen un Hermitage tinto y uno blanco, así como una pequeña cantidad de Saint-Joseph. En los últimos años han iniciado una actividad de “négociants” bajo el nombre Sélections Jean-Louis Chave, intentando así atender la gran demanda existente de sus vinos, produciendo vinos de uvas compradas que se comercializan bajo la marca Offerus; un Saint-Joseph, así como un Côtes-du-Rhône y un Crozes-Hermitage.

Viñas viejas de unos 60 años de media, rendimientos bajos, tratamientos reducidos al mínimo posible, vendimia de la uva bien madura y mantener el proceso natural. Mucho trabajo en la viña. Las uvas se despalillan a no ser en un año excepcional en el que el raspón esté completamente maduro, y la fermentación se realiza a temperaturas elevadas, por encima de los 30 grados, con un encubado de un par de semanas. La fermentación de los tintos se hace, parte en grandes tinos de madera, parte en depósitos de acero inoxidable, y parte en depósitos de cemento. Los blancos se crían parte en madera y parte en acero sin reglas fijas, sino guiados por la cata constante, y se ensamblan unos meses antes del embotellado.

Basados en su experiencia, no utilizan madera nueva. La estancia en barricas dura entre 15 y 18 meses. Junto a las barricas se utilizan también grandes tinas de roble húngaro. Estas barricas compradas de segunda mano las utilizan con una mezcla de fudres de madera húngara, tanques… ya que no desean que la madera esté marcada en el vino, ni que sea la nota predominante en nariz.

El blanco, cremoso y denso, con notas de membrillo que se van transformando en frutos secos con los años. El tinto, esencia de Syrah, con sus recuerdos de humo y aceitunas negras es a la vez potente y elegante, puro y delineado, complejo y ante todo equilibrado. Una obra maestra. En éste, las aceitunas negras, el bacon crudo y los frutos negros de la juventud se tornan en violetas, trufas y cecina con los años. Pero ante todo destaca su regularidad, su consistencia, su elegancia y su equilibrio.